LA VISITA DE BENEDICTO XVI A CUBA: UN ANÁLISIS

27/03/2012
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Jorge Hernández Fonseca

25 de Marzo de 2012

Próximo al arribo del Papa Benedicto XVI a Cuba, las expectativas sobre los resultados de su visita llegan a un verdadero “climax”, propio de un acontecimiento político largamente esperado dentro y fuera de la isla: la tan necesaria democratización del espectro político cubano, aspecto que el Papa aprovechara para insinuar, colocando las palabras en boca de su Canciller antes de abordar el avión que lo llevó a México y que lo llevará a su destino trascendente: Cuba.

Pero la estrategia papal es otra. A bordo del avión, al inicio de su viaje, atacó al marxismo “fuera de la realidad” y a la necesidad de “abordar nuevos modelos”. Nada de política; ideología pura. Atacó a un cadáver insepulto –totalmente putrefacto y a la vista de todos– con frases que el cardenal cubano, Jaime Ortega debe haber escuchado en todas las reuniones oficiales en la Habana, incluso en los despachos acondicionados del dictador de turno, Raúl Castro.

Como era de esperar en una estrategia probablemente acordada, el canciller cubano vino a público y con un recogimiento inesperado en un régimen que actúa como el “guapo del barrio”, soltó una verdadera perla de la hipócrita política castrista actual: “esperamos al Papa, y lo escucharemos con atención y respeto”. Inédito en los anales del machismo castrista-leninista.

Las declaraciones del Papa a bordo del avión y la consiguiente –e inmediata– respuesta mesurada del canciller cubano, despertaron en el mundo mediático mundial una esperada ola de conjeturas, todas asociadas a la influencia que la Iglesia comenzaba a tener sobre la dictadura, recordándonos los méritos del cardenal Ortega influyendo en la profusa liberación de presos políticos. Sobre el sacrificado trabajo de la oposición política cubana, el martirologio de Orlando Zapata, la prolongada huelga de hambre de Guillermo Fariñas y las sucesivas manifestaciones públicas de protesta contra el régimen de las Damas de Blanco –verdaderos motivos del acercamiento de Raúl a la Iglesia y la liberación de presos políticos– ¡nada se dijo!

Las declaraciones de Benedicto XVI sobre el marxismo y su falta de apego a la realidad actual –analizadas en el contexto en que fueron dichas– son palabras que implican una mirada generosa sobre la dictadura cubana de hoy y pusieron el acento en la necesidad de “ayudar” a la Cuba castrista a encontrar un nuevo “Modelo”, para lo cual la Iglesia se dispone a apoyar, propiciar y si fuera posible (con el apoyo de los “intelectuales” de ‘Espacio Laical’) materializar.

El Papa en sus palabras contra el marxismo cubano –un cadáver insepulto que hasta Fidel Castro repudió públicamente– en realidad lo que hizo fue justificar los procedimientos de la dictadura cubana con los “cambios de Raúl” (el cambio de Modelo al que se refirió) que iría a ser “apoyado” por su Iglesia. Nada sobre la beligerancia mafiosa contra mujeres indefensas golpeadas y arrastradas; nada sobre la discriminación política contra opositores pacíficos; nada contra los cientos de hombres y mujeres tiradas de la circulación para que no asistieran a las misas de su visita por temor a una manifestación verbal de libertad durante los oficios religiosos.

Esta óptica es la única que explica la mesurada reacción cubana en boca de su Canciller, “atento a lo que el Papa tiene que decir” (sobre el nuevo modelo que se haría “entre ambos”, no sobre el fin de la represión y la falta de libertades). Raúl ganó un aliado, y el resto… es resto.

Es inexplicable que una Iglesia de más de dos mil años haya caído en el engaño que el grupúsculo comunista y mafioso cubano de Fidel Castro les ha tendido. A estas alturas del castrismo, imaginar que existe una intención fidelista seria para establecer un “Modelo” funcional en la economía, la política y la sociedad cubana, fuera de las rampantes pretensiones de eternizarse en el poder a toda costa, con el dinero soviético antes y con el petróleo de Chávez ahora, es ser cándido en demasía como para ser considerado seriamente. Que el cardenal Ortega, por compromiso, diga tener esas inocentes ideas, es hasta posible. Pero que el Papa en persona abrace semejante y pueril embuste, es una abstracción imposible de ser aceptada por un pueblo traumatizado y engañado muchas veces antes, con mentiras similares.

Así las cosas, parece creíble un convencimiento vaticano de que la presencia del papa pudiera darle al castrismo agonizante un apoyo político y moral que soporte y dé credibilidad a los cambios de Raúl hacia el capitalismo, intentando en el camino convencer a los generales de Raúl –a la muerte de Fidel– de “abrir” las puertas a la democracia, para de esta manera ‘incruenta’ ayudar –a medio plazo– al oprimido pueblo cubano. La óptica de la dictadura, –verdadero artífice del “plan”– es: permitir al Papa sus exabruptos contra el marxismo, así como permitir a la iglesia “ayudar” en el nuevo “Modelo” (sin marxismo) que quiere Raúl (y la Iglesia) hasta que la ausencia biológica de Fidel le permita aceptar el consejo “democratizador”, organizando partidos políticos amañados y entrenados por la policía política cubana.

La muy respetable iglesia Católica Apostólica y Romana tiene una larga historia de acciones y decisiones equivocadas, reconocidas posteriormente como tales, casi siempre con la valentía del correspondiente pedido de perdón a sus víctimas. Lamentamos decir desde este espacio que la Iglesia está en presencia –y en medio– de uno de esos episodios de error garrafal.

Es un error porque nada induce a la Iglesia en Cuba ahora a tomar partido por los ateos, al final de un largo viaje de represión contra la Iglesia como Institución, contra sus sacerdotes actuando como representantes de Cristo, contra los católicos practicantes como ciudadanos, contra los católicos como luchadores políticos (cientos de fusilados por sus creencias y cientos de miles presos en vergonzoso e inhumano encierro). La toma de posiciones equivocadas de la Iglesia de hoy le costará muy caro a la fe católica cubana del futuro democrático de la isla, que ni el Papa ni sus cardenales sumisos a la opresión podrán revertir cuando seamos finalmente libres.

La lucha del pueblo cubano en la era Raulista se caracteriza por la contradicción de una dictadura agotada ideológica, económica, política y socialmente, que pretende ganar credibilidad con cambios cosméticos para permanecer en el poder a toda costa y a todo costo y que ahora se apoya en quien durante todos estos años de penurias ha sido su peor enemiga, la Iglesia católica cubana. Es inexplicable como siendo sido víctima de la desidia dictatorial, ahora escuche “cantos de sirenas” en sus oídos milenarios, cuando sus aliados opositores de siempre se empeñan en la lucha necesaria para discutir la oportunidad que ya le corresponde de, desde el gobierno cubano, reconstruir el país destruido por el castrismo anti-religioso y ateo.

Dios todopoderoso obra milagros; quien sabe si tiene alguno reservado para Cuba durante este viaje, que no sea necesariamente la esperada recepción del Papa a un Hugo Chávez loco por su bendición personal debido a su enfermedad, haciendo con el venezolano lo que no ha querido hacer con las cubanísimas y fieles Damas de Blanco en su sufrida patria.

¡Dios lo ilumine y nos muestre que estamos equivocados!

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Sobre o autor

Maurício Costa Romão é Master e Ph.D. em economia pela Universidade de Illinois, nos Estados Unidos, sendo autor de livros e de publicações em periódicos nacionais e internacionais...

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